La cordillera del Maule guarda paisajes de una belleza indescriptible que, en cada estación, transforman su rostro sin perder su identidad. Esta vez, en pleno otoño, una cabalgata guiada por arrieros de Vilches Alto recorrió parte de la Reserva Nacional Altos de Lircay, desplegando una experiencia que fusiona naturaleza, tradición y sentido de pertenencia. Aunque el recorrido se desarrolló en la comuna de San Clemente, forma parte del territorio turístico Maule Montaña, una iniciativa que integra y da coherencia a los relatos de montaña de cinco comunas: Romeral, Molina, San Clemente, Colbún y Longaví.
El trayecto nos condujo por bosques teñidos de dorado, rojizo y cobre, donde los Nothofagus (roble, coigüe, lenga, raulí y ñirre) dan forma a un tapiz vegetal que emociona. Las formas del paisaje cambian en cada curva del sendero: valles profundos, cerros que se elevan como gigantes dormidos y paredes rocosas que guardan el paso de los siglos. El aire es puro, las sombras se mueven entre troncos centenarios, y el silencio se convierte en un aliado para escuchar el galope de los caballos o el silbido del viento entre las ramas.
Pero no solo es la naturaleza la que habla. También lo hacen quienes han sido guardianes de este territorio por generaciones: los arrieros. Con sombreros de ala ancha, acento pausado y mirada firme, son ellos quienes conducen la cabalgata. Sus historias, muchas de las cuales no están escritas en libros, emergen con fuerza en cada descanso. Cuentan de las antiguas rutas pehuenches, del trueque de sal, de los temporales, del ganado en altura. Cada frase refuerza el vínculo entre el ser humano y la montaña, no como un espacio de conquista, sino de convivencia.
Uno de los momentos más intensos fue llegar a un mirador natural, desde donde se observa el volcán Descabezado y las estribaciones que cruzan de San Clemente a Colbún. Allí, bajo un cielo nítido, compartimos pan amasado y mate junto a los arrieros, mientras se hablaba del pasado y del futuro. De cómo el turismo bien gestionado puede ser una herramienta para fortalecer la economía local, pero también para revalorizar el patrimonio humano y natural del Maule.
La experiencia, aunque puntual, forma parte de un relato mayor: Maule Montaña. Este territorio turístico, impulsado por la identidad cordillerana de cinco comunas maulinas, busca visibilizar los valores del entorno altoandino: la biodiversidad, los senderos de agua, los colores estacionales, y sobre todo, a quienes viven y transmiten el conocimiento de estos lugares. La cabalgata en Altos de Lircay no es una excepción, sino una expresión concreta de lo que Maule Montaña representa: una experiencia de conexión profunda con la naturaleza y con las raíces vivas de la cordillera.